La sobreestimacion del fajador
Publicado: Mié May 08, 2013 11:26 pm
El boxeo es un deporte de apreciación
En ocasiones alzamos la voz para reclamar que los jueces de una pelea han decretado una decisión injusta. La mayoría de ellas cuando el resultado no favoreció al peleador que nos llenó el ojo durante el desarrollo de la misma.
Una de las principales dificultades por las que atraviesa un juez es la de buscar la equidad en una contienda sin inclinar su balanza hacia el peleador que le agrada más a su pupila o a aquel con el que tiene algún vínculo -sea por nacionalidad, por su estilo o identificación de otro tipo, cosa que sucede con mucha más regularidad con el aficionado al boxeo.
Sea cual sea el motivo, han ocurrido situaciones en los que los dados de un magistrado se cargan más a favor de un peleador en particular, aún cuando su desempeño deje mucho que desear con respecto al de su opositor.
La explicación perfecta, la cual es muy válida debido a las reglas que rigen a este deporte, se la expusimos con anterioridad, que el boxeo es un deporte de apreciación. Así que atendiendo a ello y aunado a una gama muy alta de criterios para puntuar los rounds, cada magistrado tiene las espaldas cubiertas en caso de que las resoluciones tomadas durante un combate sean empañadas por la polémica.
En México existe una problemática con respecto a los estilos de los peleadores y en consecuencia a la valoración de los desempeños de estos: aquel que se mueve constantemente sobre el ring y que trata de golpear y que no le golpeen es catalogado como "correlón"; y aquel que camina hacia el frente sacrificando en su defensa con tal de conectar sus envíos es llamado "guerrero"; hay a quienes se puede encasillar en una tercera o cuarta categoría, pero la clásica diferencia entre el "estilista" y el "fajador" se lleva al límite en México.
Por tradición el estilo predilecto para el aficionado es el del "fajador". Y no me refiero solamente a México, también lo es en el mundo. La prueba más fehaciente la tenemos con las premiaciones a "la mejor pelea del año" que realizan la Asociación de Escritores de Boxeo de América (BWAA, por sus siglas en inglés) y la revista The Ring, en las que las ternas están repletas de guerras encarnizadas.
De allí podemos partir para establecer que el aficionado se inclina por aquel pugilista que camina hacia el frente en busca de la reyerta y que apela al "verdadero" espectáculo, que es el de enfrascarse a golpes con su rival hasta que uno de los dos cae, sin importar lo que establezca la ciencia del boxeo "pegar y que no te peguen".
Un peleador como Timothy Bradley es uno con bastante técnica, pero por su naturaleza tiende a buscar el conflicto en la corta y media distancia, forzando en todo momento el accionar de las batallas. El gran defecto que tiene es que su pegada no es una que marque diferencia en las contiendas y los nocauts que se ha logrado anotar obedecen a las rápidas combinaciones de golpes que tienden a abrumar al adversario.
El 9 de junio de 2012, Tim Bradley tuvo su noche de gloria al romper la racha de quince peleas sin conocer la derrota del entonces "Rey Libra por Libra" del boxeo, el filipino Manny "Pacman" Pacquiao, y vencerle por decisión dividida. Sin embargo la victoria fue polémica al ser evasivo durante la mayor parte del combate.
Enfrentar a Pacquiao no implica intentar pararse en el centro del ring a querer intercambiar golpes de forma directa, eso sería una estupidez. A un peleador con las características del tagalo se le tiene que boxear inteligentemente y jamás presentarse como blanco fijo, de otro modo tu destino es ser noqueado.
Bradley realizó una buena estrategia durante la contienda, que tal vez no le alcanzó para ser el triunfador, pero que complicó bastante al "Pacman" y aún así fue criticado.
El no hacer lucir al astro filipino, a quien se le caracteriza por siempre brindar espectáculo, le valió la censura de periodistas y aficionados. Hubo críticos que mencionaron que esa noche ocurrió el mayor "robo" de la historia del boxeo (lo que me parece mera propaganda).
Tras la ola de desprestigio hacia Bradley, este redactor finalmente comprendió la razón por la cual la mayoría de los aficionados en el mundo lograron aceptar los tres fallos polémicos en los que el mexicano Juan Manuel Márquez fue despojado de la victoria ante Pacquiao.
El peleador que entretiene y busca constantemente la confrontación siempre lleva una ventaja en el criterio del respetable y de muchos jueces. Para mi gusto valorar demasiado el que alguien vaya hacia el frente a buscar pelea aún cuando no sea efectivo en sus envíos es no ser equitativo.
El 16 de marzo del presente año Timothy Bradley intentó regresar a sus raíces para recuperar la simpatía del público y por poco paga las consecuencias de su atrevimiento. Se enfrentó al ruso Ruslan Provodnikov en un pleito de los que se conocen como "de adaptación" o "tune up" (puesta a punto), pero de eso no tuvo nada.
Desde el primer round Provodnikov estremeció a Bradley con su poderosa pegada, pero en ningún momento hizo ceder en su empeño al norteamercano, quien realizó una pelea bastante tonta que por poco le cuesta el invicto en su carrera.
La crítica elevó el estatus de Timothy al considerarse que se brindó en un 100% para el beneplácito del respetable y su pelea ya es candidata para obtener la presea como la mejor del año, pero la realidad es que la exhibición ante Provodnikov fue la peor en toda su carrera.
El pasado sábado en Nueva York, EEUU, el cubano Guillermo Rigondeaux le dio una lección a los preceptos que por conveniencia se han establecido sistemáticamente en el boxeo, brindándole una paliza al filipino Nonito Donaire -uno de los púgiles más brillantes de la actualidad-, al boxearle de forma inteligente y castigarle con gran efectividad y poderío, sin necesidad de desplazarse mucho sobre el ring.
Después de 12 rounds las tarjetas fueron favorables para el cubano por 116-111, 115-112 y 114-113. Lo que me hace pensar que donde la pelea hubiera sido cerrada el cubano no habría tenido ninguna posibilidad de victoria.
Conveniencia, corrupción, favoritismo o sobreestimación hacia el "fajador", como usted le quiera llamar, pero los jueces entregaron puntuaciones cerradas en una pelea en la que Nonito Donaire ni siquiera logró ser competitivo.
El llamado "estilista" está tan infravalorado que aún con esa espectacular victoria (porque en verdad brindó un gran espectáculo), a Rigondeaux se le ha criticado de haber vencido a Donaire de forma mezquina y poco atractiva.
El boxeo necesita reformarse. A todos nos gustan las guerras sobre el ring, pero el criterio de "golpear y que no te golpeen" debería de prevalecer por encima del simple intento por buscar el choque frontal.
¿Cuántas veces usted habrá escuchado o leído que X peleador fue quien hizo el gasto, o que fue el que buscó la pelea y que por eso debería ser premiado o favorecido por los jueces?
¿De qué sirve ir hacia el frente como toro de lidia si recibes golpes por racimo? La efectividad y la calidad de los impactos también cuenta en el boxeo señores.
Ismael Rubio
En ocasiones alzamos la voz para reclamar que los jueces de una pelea han decretado una decisión injusta. La mayoría de ellas cuando el resultado no favoreció al peleador que nos llenó el ojo durante el desarrollo de la misma.
Una de las principales dificultades por las que atraviesa un juez es la de buscar la equidad en una contienda sin inclinar su balanza hacia el peleador que le agrada más a su pupila o a aquel con el que tiene algún vínculo -sea por nacionalidad, por su estilo o identificación de otro tipo, cosa que sucede con mucha más regularidad con el aficionado al boxeo.
Sea cual sea el motivo, han ocurrido situaciones en los que los dados de un magistrado se cargan más a favor de un peleador en particular, aún cuando su desempeño deje mucho que desear con respecto al de su opositor.
La explicación perfecta, la cual es muy válida debido a las reglas que rigen a este deporte, se la expusimos con anterioridad, que el boxeo es un deporte de apreciación. Así que atendiendo a ello y aunado a una gama muy alta de criterios para puntuar los rounds, cada magistrado tiene las espaldas cubiertas en caso de que las resoluciones tomadas durante un combate sean empañadas por la polémica.
En México existe una problemática con respecto a los estilos de los peleadores y en consecuencia a la valoración de los desempeños de estos: aquel que se mueve constantemente sobre el ring y que trata de golpear y que no le golpeen es catalogado como "correlón"; y aquel que camina hacia el frente sacrificando en su defensa con tal de conectar sus envíos es llamado "guerrero"; hay a quienes se puede encasillar en una tercera o cuarta categoría, pero la clásica diferencia entre el "estilista" y el "fajador" se lleva al límite en México.
Por tradición el estilo predilecto para el aficionado es el del "fajador". Y no me refiero solamente a México, también lo es en el mundo. La prueba más fehaciente la tenemos con las premiaciones a "la mejor pelea del año" que realizan la Asociación de Escritores de Boxeo de América (BWAA, por sus siglas en inglés) y la revista The Ring, en las que las ternas están repletas de guerras encarnizadas.
De allí podemos partir para establecer que el aficionado se inclina por aquel pugilista que camina hacia el frente en busca de la reyerta y que apela al "verdadero" espectáculo, que es el de enfrascarse a golpes con su rival hasta que uno de los dos cae, sin importar lo que establezca la ciencia del boxeo "pegar y que no te peguen".
Un peleador como Timothy Bradley es uno con bastante técnica, pero por su naturaleza tiende a buscar el conflicto en la corta y media distancia, forzando en todo momento el accionar de las batallas. El gran defecto que tiene es que su pegada no es una que marque diferencia en las contiendas y los nocauts que se ha logrado anotar obedecen a las rápidas combinaciones de golpes que tienden a abrumar al adversario.
El 9 de junio de 2012, Tim Bradley tuvo su noche de gloria al romper la racha de quince peleas sin conocer la derrota del entonces "Rey Libra por Libra" del boxeo, el filipino Manny "Pacman" Pacquiao, y vencerle por decisión dividida. Sin embargo la victoria fue polémica al ser evasivo durante la mayor parte del combate.
Enfrentar a Pacquiao no implica intentar pararse en el centro del ring a querer intercambiar golpes de forma directa, eso sería una estupidez. A un peleador con las características del tagalo se le tiene que boxear inteligentemente y jamás presentarse como blanco fijo, de otro modo tu destino es ser noqueado.
Bradley realizó una buena estrategia durante la contienda, que tal vez no le alcanzó para ser el triunfador, pero que complicó bastante al "Pacman" y aún así fue criticado.
El no hacer lucir al astro filipino, a quien se le caracteriza por siempre brindar espectáculo, le valió la censura de periodistas y aficionados. Hubo críticos que mencionaron que esa noche ocurrió el mayor "robo" de la historia del boxeo (lo que me parece mera propaganda).
Tras la ola de desprestigio hacia Bradley, este redactor finalmente comprendió la razón por la cual la mayoría de los aficionados en el mundo lograron aceptar los tres fallos polémicos en los que el mexicano Juan Manuel Márquez fue despojado de la victoria ante Pacquiao.
El peleador que entretiene y busca constantemente la confrontación siempre lleva una ventaja en el criterio del respetable y de muchos jueces. Para mi gusto valorar demasiado el que alguien vaya hacia el frente a buscar pelea aún cuando no sea efectivo en sus envíos es no ser equitativo.
El 16 de marzo del presente año Timothy Bradley intentó regresar a sus raíces para recuperar la simpatía del público y por poco paga las consecuencias de su atrevimiento. Se enfrentó al ruso Ruslan Provodnikov en un pleito de los que se conocen como "de adaptación" o "tune up" (puesta a punto), pero de eso no tuvo nada.
Desde el primer round Provodnikov estremeció a Bradley con su poderosa pegada, pero en ningún momento hizo ceder en su empeño al norteamercano, quien realizó una pelea bastante tonta que por poco le cuesta el invicto en su carrera.
La crítica elevó el estatus de Timothy al considerarse que se brindó en un 100% para el beneplácito del respetable y su pelea ya es candidata para obtener la presea como la mejor del año, pero la realidad es que la exhibición ante Provodnikov fue la peor en toda su carrera.
El pasado sábado en Nueva York, EEUU, el cubano Guillermo Rigondeaux le dio una lección a los preceptos que por conveniencia se han establecido sistemáticamente en el boxeo, brindándole una paliza al filipino Nonito Donaire -uno de los púgiles más brillantes de la actualidad-, al boxearle de forma inteligente y castigarle con gran efectividad y poderío, sin necesidad de desplazarse mucho sobre el ring.
Después de 12 rounds las tarjetas fueron favorables para el cubano por 116-111, 115-112 y 114-113. Lo que me hace pensar que donde la pelea hubiera sido cerrada el cubano no habría tenido ninguna posibilidad de victoria.
Conveniencia, corrupción, favoritismo o sobreestimación hacia el "fajador", como usted le quiera llamar, pero los jueces entregaron puntuaciones cerradas en una pelea en la que Nonito Donaire ni siquiera logró ser competitivo.
El llamado "estilista" está tan infravalorado que aún con esa espectacular victoria (porque en verdad brindó un gran espectáculo), a Rigondeaux se le ha criticado de haber vencido a Donaire de forma mezquina y poco atractiva.
El boxeo necesita reformarse. A todos nos gustan las guerras sobre el ring, pero el criterio de "golpear y que no te golpeen" debería de prevalecer por encima del simple intento por buscar el choque frontal.
¿Cuántas veces usted habrá escuchado o leído que X peleador fue quien hizo el gasto, o que fue el que buscó la pelea y que por eso debería ser premiado o favorecido por los jueces?
¿De qué sirve ir hacia el frente como toro de lidia si recibes golpes por racimo? La efectividad y la calidad de los impactos también cuenta en el boxeo señores.
Ismael Rubio